Día del Libro en Argentina

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo; hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos.

Jorge Luis Borges

El 15 de junio de 1908 comenzó en Argentina la Fiesta del Libro, evento en el cual se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres.

En 1924, el Gobierno Nacional declaró a través del Decreto Nº 1038 la oficialización de la Fiesta del Libro. Finalmente, el 11 de junio de 1941 una resolución ministerial denominó a dicha celebración Día del Libro.

Los libros necesitan lectores, pero ¿existe el lector ideal? ¿Quién sería para los escritores “su” lector ideal?

Ernesto Sábato: Alguien que goce y sufra en los momentos en que yo mismo he gozado y sufrido escribiendo.

Jorge L. Borges: Yo no sé si mi obra merece ser leída. Yo aconsejaría más bien a otros autores, a otros lectores o a mis lectores sobre todo, o a una persona que perdonara muchos errores verbales, que me leyera no sé si a través -a pesar del texto.

Julio Cortázar: Cuando se me pregunta sobre la idea que me hago del “lector ideal” de mis libros, contesto que hoy ya no tiene nada de ideal: veo y espero a mi lector como alguien que entra en la lectura después o antes de trabajar, de medirse con la injusticia, el error, la estupidez y la crueldad, y que no abre un libro como si fuera una escafandra o una cortina de humo. 

Ricardo Piglia: El lector ideal es aquel producido por la propia obra. Una escritura también produce lectores y es así como evoluciona la literatura. Los grandes textos son los que hacen cambiar el modo de leer. Todos nosotros trabajamos a partir del espacio de lectura definido por la obra de Macedonio Fernández, de Marechal, de Roberto Arlt.

Isidoro Blaistein: Un lector perverso que conservase la pureza.

Mario Benedetti: En general no escribo para el lector que vendrá sino para el que está aquí, poco menos que leyendo el texto sobre mi hombro.

Osvaldo Soriano: Cada novela que escribo es para mí una nueva vieja historia que me cuento a mí mismo para poblar las obsesiones del niño que nunca he dejado de ser. Respondo a la necesidad de escribir con el placer de escribir. Escribo, también, para compartir la soledad.

Enrique Vila-Matas: El lector ideal es el que he denomino “el lector activo”. En un reciente artículo explicaba que, en mi opinión, las mismas destrezas que se necesitan para escribir se precisan también para leer. Y decía que los escritores fallan a los lectores, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en éstos la confirmación de que el mundo es como lo ven en su pequeña pantalla. Entiendo que los nuevos tiempos traen esa revisión y renovación del pacto exigente entre escritores y lectores y que cabe esperar, parafraseando a Henry James, que pronto pueda decirse que unos y otros, trabajan con lo que tienen, y sus grandes dudas son su pasión, y esa pasión es precisamente su gran tarea…

Mujer leyendo junto a la ventana, de Álvaro Ruiz Pérez

Cómo definir al lector ideal

El lector ideal es el escritor en el instante anterior a la escritura. El lector ideal no reconstruye un texto: lo recrea. El lector ideal no sigue el hilo de la narración: avanza con él.

Un célebre programa de radio para niños en la BBC siempre comenzaba con al pregunta: “¿Estáis sentados cómodamente? Entonces podemos empezar”. El lector ideal sabe sentarse cómodamente.
Imágenes de San Jerónimo lo muestran detenido en su traducción de la Biblia. Escuchando la palabra de Dios. El lector ideal debe aprender a escuchar.
El lector ideal no es un traductor. Es capaz de desmenuzar un texto, retirarle la piel, cortarlo hasta la médula, seguir cada arteria y cada vena, y luego poner en pié a un nuevo ser viviente. El lector ideal no es un taxidermista.
El lector ideal existe en el momento que precede a la creación.
Para el lector ideal todos los recursos literarios son familiares.
Para el lector ideal, toda anécdota es novedosa.
“Uno debe ser algo inventor para leer bien”. Ralph Waldo Emerson.
El lector ideal tiene una ilimitada capacidad de olvido. Puede borrar de su memoria el hecho de que Dr. Jekull y Mr. Hyde son la misma persona, que Julien Sorel será decapitado, que el nombre del asesino de Roger Ackroyd le es conocido.
El lector ideal no se interesa por los escritos de Michel Houllebecq.
El lector ideal sabe aquello que el escritor solo intuye.
El lector ideal subvierte el texto. El lector ideal no se fía de la palabra del escritor.
El lector ideal procede por acumulación: cada vez que lee un texto, agrega una nueva capa de memoria al cuento.
Todo lector ideal es un lector asociativo. Lee como si todos los libros fueran la obra de un único escritor, prolífero e intemporal.
El lector ideal no puede volcar su conocimiento en palabras.
Al cerrar un libro, el lector ideal siente que, de no haberlo leído, el mundo sería mas pobre.
El lector ideal es como Joseph Joubert que arrancaba de los libros de su biblioteca las páginas que no le gustaban.
El lector ideal tiene un perverso sentido del humor.
El lector ideal nunca cuenta sus libros.
El lector ideal es al vez generoso y avaro.
El lector ideal lee toda literatura como si fuera anónima.
El lector ideal usa con placer el diccionario.
El lector ideal juzga a un libro por su cubierta.
Al leer un libro de hace siglos, el lector ideal se mantiene inmortal.
Paolo y Francesca no eran lectores ideales, ya que le confiesan a Dante que, después del primer beso, ya no leyeron más. Un lector ideal hubiese dado el beso y seguido leyendo. Un amor no excluye al otro.
El lector ideal no sabe si es o no el lector ideal hasta después de acabado el libro.
El lector ideal comparte la ética de Don Quijote, el deseo de Madame Bovary, el espíritu aventurero de Ulises, la desfachatez de Zazie, al menos mientras dura la narración.
El lector ideal recorre con placer senderos conocidos. “Un buen lector, un lector con mayúsculas, un lector activo y creativo es un relector”. Vladimir Nabokov.
El lector ideal es politeísta.
El lector ideal guarda, para un libro, la promesa de la resurrección.
Robinson no es un lector ideal. Lee la Biblia para encontrar respuestas. Un lector ideal lee para encontrar preguntas.
Todo libro, bueno o malo, tiene su lector ideal.
Para el lector ideal, todo libro es, en cierta medida, su autobiografía.
El lector ideal no tiene una nacionalidad precisa.
A veces, un escritor debe esperar varios siglos para encontrar su lector ideal. Blake necesitó ciento cincuenta años para encontrar a Northop Frye.
El lector ideal según Stendhal: “Escribo para apenas cien lectores para seres infelices, amables, encantadores, nunca morales o hipócritas, a quienes me gustaría complacer. Apenas si conozco a uno o dos”.
El lector ideal ha sido infeliz.
El lector ideal cambia con la edad. El lector ideal de los Veinte poemas de amor, de Neruda, a los catorce años puede no serlo a los treinta. La experiencia empaña ciertas lecturas.
Pinochet, al prohibir Don Quijote por temor a que el libro pudiera leerse como una defensa de la desobediencia civil, fue su lector ideal.
El lector ideal nunca agota la geografía de un libro.
El lector ideal debe estar dispuesto a no solo suspender su incredulidad sino a adoptar una nueva fe.
El lector ideal nunca dice: “ Si solamente…”.
Escribir en los márgenes de un libro es marca del lector ideal.
El lector ideal proselitiza.
El lector ideal es veleidoso sin sentirse jamás culpable.
El lector ideal puede enamorarse de al menos uno de los personajes de un libro.
Al lector ideal no le preocupan los anacronismos, la verdad documental, la precisión histórica, la exactitud topocgráfica. El lector ideal no es un arqueólogo.
El lector ideal exige rigurosamente que se mantengan las leyes y reglas que cada libro crea para sí mismo.
“Hay tres clases de lectores: la primera, aquellos que gustan de un libro sin juzgarlo; la tercera, aquellos que lo juzgan sin gustarlo; y otra, entre las dos, que juzgan mientras gustan de un libro y gustan de un libro mientras lo juzgan. Estos últimos dan nueva vida a una obra de arte, y no son muchos. “ Goethe, en una carta a Johann Friedrich Rochlitz.
Los lectores que se suicidaron después de leer Werther no eran lectores ideales sino meramente sentimentales.
El lector ideal es pocas veces sentimental.
El lector ideal desea llegar al final del libro y, al mismo tiempo, que el libro no acabe.
El lector ideal nunca se impacienta.
Al lector ideal no le interesan los géneros literarios.
El lector ideal es ( o parecer ser) más inteligente que el escritor. Pero no por eso de ningún modo menoscaba.
Llega un momento en que todo lector se considera un lector ideal.
Las buenas intenciones no producen lectores ideales.
El Marqués de Sade se equivoca: “Sólo escribo para quienes pueden entenderme, y éstos me leerán sin correr peligro”.
El Marqués de Sade se equivoca: el lector ideal siempre corre peligro.
El lector ideal es el personaje principal de toda novela.
Valery:”Un ideal literario: saber por fin no llenar la página de nada excepto el lector”.
El lector ideal es alguien con quien el escritor podría pasar la noche, a gusto, con una copa de vino.
No debe confundirse lector ideal con lector virtual.

La literatura depende, no de lectores ideales, sino de lectores suficientemente buenos.

Alberto Manguel

Fuentes

A 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges

HOMENAJES

A 25 años del fallecimiento de uno de los escritores más importantes de la historia de la literatura universal, se preparan diversos eventos para homenajearlo.

En Buenos Aires, los actores Mike Amigorena, Jorge D´Elía y Julieta Cardinalli leerán una selección de poemas del escritor en la Plaza San Martín, desde las 13 hs., junto a la Torre de Babel de Libros de Marta Minujin. Este evento estará conducido por Betty Elizalde.

El Centro Cultural Borges abrirá una muestra permanente sobre su vida y su obra, y los contenidos de la misma serán renovados en forma periódica.

No sólo Buenos Aires sino otras ciudades como Madrid, Venecia y Milán se suman a los homenajes.

En Madrid, se hará una exposición en el Centro de Arte Moderno en donde se podrán ver las primeras ediciones de sus libros, revistas literarias y periódicos en los cuales Borges publicó sus poemas por primera vez, como también las pinturas de su hermana Norah. Además, se presentará el original de Los Rivero, el proyecto de novela iniciado por Borges, que nunca terminó y fue hallado entre sus papeles custodiados por la Universidad de Texas en Austin.

En Venecia, María Kodama inaugurará un laberinto con el nombre de Jorge Luis Borges. El mismo tiene 3 km. de ligustros de 75 cm. de alto, y su superficie es de 2300 metros cuadrados.  El laberinto se encuentra en los jardines de San Jorge Mayor, la iglesia que está frente a la Basílica de San Marcos.

En Milán, continúa la  muestra El Atlas de Borges en la Biblioteca Sormani. Se presentan 130 fotografías de María Kodama y Jorge Luis Borges en distintas ciudades del mundo.

Fuente: Homenajes borgeanos. En: Tiempo Argentino.

ALGUNOS POEMAS

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La
hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición el aprendizaje de las palabras que usó
el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad,
las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven
amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche
intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz
del ave, ya se han oscurecido los que miran por la ventana, pero la
sombra no ha traído la paz.
Es ya lo se, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la
espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con su pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

El cómplice

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
Soy el poeta.

Elogio de la sombra

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

La luna

                                        A María Kodama

Hay tanta soledad en ese oro.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.

La rosa

La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín en la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.

Al idioma alemán

MI DESTINO es la lengua castellana,
el bronce de Francisco de Quevedo,
pero en la lenta noche caminada
me exaltan otras músicas más íntimas.
Alguna me fue dada por la sangre-
-oh voz de Shakespeare y de la Escritura-,
otras por el azar, que es dadivoso,
pero a ti, dulce lengua de Alemania,
te he elegido y buscado, solitario.
A través de vigilias y gramáticas,
de la jungla de las declinaciones,
del diccionario, que no acierta nunca
con el matiz preciso, fui acercándome.
Mis noches están llenas de Virgilio,
dije una vez; también pude haber dicho
de Hólderlin y de Angelus Silesius.
Heine me dio sus altos ruiseñores,
Goethe, la suerte de un amor tardío,
a la vez indulgente y mercenario;
Keller, la rosa que una mano deja
en la mano de un muerto que la amaba
y que nunca sabrá si es blanca o roja.
Tú, lengua de Alemania, eres tu obra
capital: el amor entrelazado
de las voces compuestas, las vocales
abiertas, los sonidos que permiten
el estudioso hexámetro del griego
y tu rumor de selvas y de noches.
Te tuve alguna vez. Hoy, en la linde
de los años cansados, te diviso
lejana como el álgebra y la luna.

Libros de poemas

  • Fervor de Buenos Aires
  • Luna de enfrente
  • El Cuaderno de San Martín
  • Poemas
  • El hacedor
  • El otro, el mismo
  • Para las seis cuerdas
  • Elogio de la sombra
  • El oro de los tigres
  • La rosa profunda
  • Obra poética
  • La moneda de hierro
  • Historia de la noche
  • La cifra
  • Los conjurados

En la Web

A 25 AÑOS DE SU MUERTE: BORGES BAJO LA MIRADA ALEMANA

Victoria Danemann realizó un informe para la Deutsche Welle sobre Borges bajo la mirada alemana. El mismo puede leerse a través de su página Web haciendo clic aquí.

En una parte del informe se señala

Borges tiene muchas facetas y se siguen abriendo nuevos campos de estudio en torno a su obra. Desde la importancia de su poesía, siempre eclipsada por su obra narrativa y ensayos, hasta el aspecto trascendente de la misma. “Él dice que es ateo, que no cree, y yo lo tomo muy en serio –explica de Toro-. Pero hay una especie de intuición a lo infinito, a lo divino… Es un Borges magnífico”.

Fuente: Danemann, Victoria. A 25 años de su muerte: Borges bajo la mirada alemana. En: Deutsche Welle.

Más información sobre Borges en la Deutsche Welle:

BORGES EN CANAL ENCUENTRO Y EFEMÉRIDES CULTURALES ARGENTINAS

Jorge Luis Borges: la tensión entre un mundo y el otro

Este especial de Canal Encuentro propone una serie de materiales Web y actividades para el aula que permiten abordar su obra.

Fuente: Canal Encuentro

Jorge Luis Borges, especial de Efemérides Culturales Argentinas

El especial de Efemérides Culturales Argentinas aborda la biografía del escritor, quienes han sido sus amigos e influencias, su obra y, también, una serie de recursos Web para ampliar la información.

Fuente: Efemérides Culturales Argentinas

BORGES EN YOUTUBE

Poema Al Espejo, Canal Encuentro

Borges y yo

El amor y la amistad, según Borges

Jorge Luis Borges habla del arte y del escritor

Ajedrez

Borges en el prestigioso ciclo Café con libros

MÁS INFORMACIÓN SOBRE BORGES EN