Tata Cedrón, El regreso de Juancito Caminador realiza en la figura de Cedrón, el trabajo de recuperación de la identidad, de la memoria de todo un pueblo, para reconstruir aquello que signifique “lo porteño”, “lo nacional”, “lo tanguero”. Partes de un sentido antropológico que consolida el ser argentino.
Emiliano Basile, en: Escribiendo Cine
Tata Cedrón, el regreso de Juancito Caminador, de Fernando Pérez rescata la figura y obra de Juan “Tata” Cedrón, su compromiso político, su militancia, su exilio y su reencuentro con el público argentino. Recupera su figura y su música, recorriendo los diferentes momentos de su vida y obra.
Cedrón vuelve a recorrer aquellos barrios y lugares en donde pasó su infancia y juventud. Es así como transita por la calle Vedia, en el barrio de Saavedra, por Villa del Parque, por Boedo y por Barracas.
Fernando Pérez dijo a Télam que
Es un documental musical con una mirada política, social, cultural e histórica, no solo sobre el “Tata” y sobre el tango, sino también, sobre la Argentina. Es como si mirara el país a través de los ojos del “Tata”.
Esta es una manera distinta de contar un exilio. En general se cuentan desde la partida y desde el sufrimiento y en este caso es contado desde el regreso y este es un fenómeno muy actual y político porque Argentina hoy es un lugar para estar, donde la gente elige quedarse y los que se fueron eligen volver.
Cedrón habla fuerte, gesticula, cuenta anécdotas, suelta la carcajada al final de la frase. Verborrágico, exagerado, porteñazo hasta cuando habla en francés, sería simplificar decir que él mismo es un tango. Pero algo de eso hay en la película, en la ternura tan difícil de catalogar que provocan escenas como las del regreso de Cedrón a los paisajes de infancia. “La pucha, cómo cambió todo… ¡Mi barrio no es éste, cambió de lugar!”, cita al tango cuando va a Saavedra. “No, no es que sea melancólico… creo en el milagro de la evocación”, vuelve a citar, ahora a Manzi, en la charla con el director.Karina Micheletto, en Página/12