Adónde te irás volando por esos cielos,
Brasita negra que lustra la claridad
Detrás de tu vuelo errante mis ojos gozan
¡La inmensidad…la inmensidad!
Veleros de las tormentas se van las nubes,
En surcos de luz dorada se pone el sol;
Y como sílabas negras, las golondrinas…
¡Dicen adiós…dicen adiós…!
Vuela, vuela, vuela, golondrina,
Vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida
Sobre la luz, cruzando el mar…
Cruzando el mar
Un cielo de barriletes tiene la tarde;
El viento en las arboledas cantando va
Y desandando los días mi pensamiento
También se va…también se va…
Cuando los días se acorten junto a mi sombra
Y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
Yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
Volverte a ver…volverte a ver…
Jaime Dávalos (letra)
Eduardo Falú (música)
Esta canción interpretada por Liliana Herrero se incluye en su disco Confesión del viento, del año 2003.

En relación a cómo nació el poema, Jaime Dávalos lo cuenta en el cancionero “Yo soy quien pinta las uvas”, editado por Torres Agüero.
El sitio Web Raíces del Folklore publicó en su espacio el texto que se incluye en el libro en el cual Dávalos dice:
“Volverán las oscuras golondrinas” (Gustavo Adolfo Bécquer)… “
“Trazan letras misteriosas / como escribiendo un adiós” (Leopoldo Lugones).“En el patio de casa aparecían de pronto, con los primeros colores un día, llenando con sus chirridos de alborozo aquel ámbito de nuestros juegos donde El Tata estaba casi siempre sentado en su sillón de mimbre leyendo. Las campanas de San Alfonso contribuían entonces a insuflarle encantamiento a la visita de las golondrinas en aquellos cielos donde grandes nubarrones anunciaban la próxima estación de las lluvias. Los días eran largos y se demoraban en la agonía de la tarde. Lo recuerdo. Una tarde así en la que salía de la convalecencía de una larga gripe. ¡Vi tan nítido el aire! Me subí al techo y de espaldas sobre las chapas de zinc aún tibias, miré hacia arriba tratando de abarcar la vasta redondez comba del cielo de una sola mirada, sin pestañar; quería ver todas las golondrinas de una vez, sin necesidad de seguirlas una por una en el vuelo loco con que garabateaban el azul hondo, tiritante de la luz.
En el horizonte cenizo del arrabal a ras de los techos, los barriletes subían como fantasmales rayas coleando, nadando hacia las primeras estrellas pálidas, y el viento hacia saludar gravemente a los árboles. No sé cuanto tiempo permanecí echado así, pero me despertaron aquella fiesta de la contemplación los maullidos de aquellos gatos que ya sentían también como las golondrinas y yo, el advenimiento de la primavera.
Cuando Eduardo me hizo oír la música de lo que después sería “Las golondrinas”, voló mi pensamiento tiempo atrás y desandando los días recupero el alborozo triste de aquellas tardes de la infancia; los conmovidos versos de Gustavo Adolfo Bécquer; algo que me dictaba Leopoldo Lugones; y la vida, esa que siempre se nutre de la literatura sin temor de canjear entre ambas, de plagiarse o imitarse porque las dos son autoras de un sueño en el que devenimos polvo. La música, repito, con su fuerza evocadora citó en mi las palabras donde la experiencia sensible de los días lejanos quedó apenas atrapada, tan apenas como en la red de vuelos de las golondrinas en el ancho cielo del asombro”
En la sección “Notas” de este cancionero, el poeta cuenta cómo nacieron muchas de sus canciones.
Las golondrinas fue escrita en 1963.

FUENTES
Dávalos, Jaime. Cancionero: Yo soy quien pinta las uvas. Buenos Aires: Torres Agüero Editor, 1980
Jaime Dávalos. En: Portal Informativo de Salta.
Las golondrinas. Jaime Dávalos y Eduardo Falú – Aires del Litoral. En: Raíces del folklore.
