Entre mate y tango

Por: Alejandra Moglia

El mate es la infusión que consumimos todos los argentinos, desde el más pequeño al más grande, desde el más pobre al más rico y que es símbolo de hermandad y hospitalidad.

Alguna vez Lalo Mir, en su programa radial Lalo Bla bla dijo acerca de este rito:

Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, ‘¿está caliente, no?’.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir ‘gracias’, al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

(Fuente: El Club del Mate)

El mate nos acompaña día a día en nuestras tareas, nuestras tristezas, alegrías, obligaciones, entretenimientos. Siempre está presente y de la misma forma también lo está en muchas letras de tango.

Gardel tomando mate

Lo que sigue es una breve selección musical de tangos en los cuales el mate -como infusión- está presente.

En Mi noche triste Pascual Contursi dice:

Siempre traigo bizcochitos
pa’ tomar con matecito
como cuando estabas vos…

El bulín de la calle Ayacucho es un tango de 1923. En su letra, Celedonio Flores escribe:

El primus no me faltaba
con su carga de aguardiente
y habiendo agua caliente
el mate era allí señor.

Y más adelante agrega:

El bulín de la calle Ayacucho
ha quedado mistongo y fulero,
ya no se oye el cantor milonguero
engrupido se musa entonar;
y en el primus no bulle la pava
que a la barra contenta reunía,
y el bacán de la rante alegría
esta seco de tanto llorar.

Uno de los tangos más emblemáticos de Enrique Santos Discépolo es Yira… Yira… El tango es de 1930, justo en la época que el mundo estaba viviendo una de las peores crisis. En su letra dice:

Cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol…

No tener ni siquiera yerba de ayer implica no tener nada, estar acabado.

Hay un tango escrito en 1905 por Ántel Villoldo que se titula La morocha y en el que puede observarse el rol de la mujer argentina de aquella época, la morocha, la que sigue a su hombre y a él le sirve.

Soy la que el paisano
muy de madrugada
brinda un cimarrón.

La palabra cimarrón designa al mate amargo.

 

Hay una milonga titulada Bien criolla y bien porteña que canta:

Ella es como el mate amargo,
bien criolla y bien porteña,
y es acorde en la guitarra.

 

Otro tango emblemático de Enrique Cadícamo que se hizo popular en la voz de Julio Sosa es Madame Ivonne.

Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda… Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París

El tango Tres Esquinas también es de Enrique Cadícamo y tiene una poética muy bella y nostálgica.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parral.

En el tango Amablemente la víctima fatal del hombre es la mujer, quien despechado y cínico al verse engañado, acaba con su vida de manera brutal.

Y al encontarse solo con la mina,
pidió las zapatillas y ya listo,
le dijo cual si nada hubiera visto:
“Cebame un par de mates, Catalina.”

En el caso de Enrique Santos Discépolo el mate aparece en otros textos como, por ejemplo, uno del programa radial “Mordisquito” en donde Discepolín defendía los intereses nacionales y la clase obrera que Mordisquito despreciaba como típico representante de la clase media argentina que no quiere pertenecer a la misma, que siente un profundo desprecio por  lo nacional y popular, y que tiene como deseo más íntimo ser europeo, pertenecer a Europa, aborreciendo lo latinoamericano.

Dice Discepolín:

Antes no te importaba nada y ahora te importa todo… y protestás. ¿Y por qué protestás? Ah, no hay té. Eso es tremendo. Mirá qué problema. Leche hay, leche sobra, tus hijos que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta… ¡pero no hay té! Y según vos, no se puede vivir sin té. Te pasaste toda la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteás un problema de Estado porque no hay té. Claro, ahora la flota es tuya, ahora los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos, ahora el gas es tuyo pero… ¡no hay té!

Antes no había nada de nada, ni dinero, ni indemnización, ni amparo a la vejez… y vos no decías ni medio, vos no protestabas nunca, vos te conformabas con una vida de araña. Ahora ganás bien, ahora están protegidos vos y tus hijos y tus padres. Si, pero tenés razón ¡No hay queso!… Vos, el mismo que ahora está preocupado porque no podés tomar té de Ceylán… y durante toda tu vida tomaste mate. ¡No! ¡No! ¡A mí no me la vas a contar!

Enrique Santos Discépolo y Carlos Gardel

Mate a cambio de libros…

Hay una anécdota que cuenta Discépolo en la cual también aparece el mate:

“Mientras estudiaba para maestro descubrí mis facultades de actor. Fue en los ejercicios prácticos cuando daba lección a los chicos. Explicando mi clase, más que un profesor, parecía un monologuista. Recitaba, accionaba y hasta les marcaba el tipo. Esta vocación me la despertó y desarrolló el ambiente que respiraba en mi casa. Vivía por entonces con mi hermano Armando, que era y es bastante mayor que yo. Ambiente bohemio de gente de teatro: autores, actores y músicos eran visitas constantes en nuestra casa. Aquello me quitó pronto la escasa vocación que sentía por la enseñanza. Entonces empecé por hacerme la rabona. En vez de ir al Normal, me iba a una librería que había enfrente del colegio. Llevaba el mate y bollos para convidar al librero y él me prestaba libros. Pero no eran libros de texto, sino de teatro, de viajes, de aventura, de cuentos. Así seguí haciendo el cuento unos meses hasta que un día le dije a mi hermano que no quería ser maestro de escuela sino actor. Y antes de cumplir los dieciséis años debuté con Roberto Casaux”. (Fuente: El Forjista)

Hay otras canciones populares que están dedicadas especialmente al mate como por ejemplo:

Viejo mate galleta

Letra y música de José Larralde

Mi viejo mate galleta,
qué pena me dio perderte,
qué mano troncho tu suerte.

Tal vez la mano del tiempo,
si hasta creí que eras eterno,
nunca imaginé tu muerte.

En tu pancita verdosa
cuántos paisajes miré,
cuántos versos hilvané
mientras gozaba tu amargo.

Cuántas veces te hice largo
y vos sabías por qué.

Cuando la yerba escasiaba
por falta de patacones
nunca pediste razones,
pero me diste consejos:
chupá pero hacete viejo
sin llegar a los talones.

Y en esos negros inviernos
cuando la escarcha blanquiaba,
tu cuerpito calentaba
mis manos con su calor,
pa’ que el amigo cantor
se prendiera la guitarra.

Y ai’ nomás se hacia la farra,
vos y yo en un mano a mano,
Mate y guitarra en el claro,
mate y guitarra en la sombra,
en leguas a la redonda
no hubo jagüel orejano.

Ah! Compañero y hermano,
qué destino más sotreta,
nunca le di a la limeta,
en vos encontré la calma,
en este adiós pongo el alma,
mi viejo mate galleta

El mate de la china

La letra es de Pascual Contursi y la música de Bernardino Teres.

Yo quisiera regalarle
un collar con muchas perlas
en prueba de mi cariño
en el día de la fiesta.

Pero no puedo, mi amita,
no está al alcance e’ mis rentas,
en cambio pa’ uste’ he cebao
un mate con buena yerba
pa’ que no sienta con él
ni disgustos ni tristezas,
por si tiene pa’ olvidar
un amor o alguna pena,
o pa’ que tomen juntitos
con el mozo que la quiera,
y se miren saboreando
hasta juntarse las cejas.

Cimarrón de ausencia

Letra de J. Lorenzo y música de M. Robles

Cimarrón, sos más amargo
que el amor que viste ausencia,
que el amor que viste ausencia,
y sos polvo de querencia,
que llevo el camino largo.

En el pesado letargo,
de mi soledad muerta,
tu savia es aroma incierta,
de tristes evocaciones,
y es sangre que a borbotones
pierdo de una herida abierta.

Sos vertiente de agua mansa,
que va regando el potrero
que va regando el potrero.

Tu calor es sol de enero
y tu verde es esperanza.

Sos puñal, rebenque y lanza,
blandiendo en puño de gloria,
gota amarga, la memoria
del que perdió su querencia,
y estás ensillado de ausencia
como el flete de mi historia.

Existe, además,  otra canción popular titulada Canción de la yerba mate, cuyo autor es José María Calderón que dice:

Recitado

Savia madre que brotas entre el ensueño
De un ocaso de hierbas que besarás.

Oro verde inflamado, sin noche ni dueño
Yerba que estás temblando de eternidad

I

Brotas del seno umbrío donde aguardabas
Vislumbrar horizontes de cielo y luz.

Y esperando la mano, sangrando estás.

Llanto verde está aguardándote.

II

Tienes en tus entrañas jugo de barro.

Tienes –yerba madura- sangre y sudor.

La que en los yerbatales derraman mil.

Floreciendo están, yerba y monte están.

Estribillo

Un norte tibio en llamas te encerrará
En la tierra profunda tu cuna está.

Cuántas férreas falanges te arrancarán.

Prisionera estás, entre el verde estás.

III

Lejos la pampa criolla llamándote;
Cuántas gargantas secas tú besarás
Hacia el sur, la llanura te esperará
Estás libre ya. Hacia el gaucho vas.

IV

Cuando caiga la noche sobre tus hojas
Un destello esmeralda reflejarás.

Y es que la luna misma vibra en tu piel.

Como amándote, te acariciará.

El Club del Tango hace referencia a un consejo que viene desde los orígenes del tango y que dice:

Tomá mate, tomá mate
tomá mate, mi china, tomá mate,
que en el Rio de la Plata
no se estila el chocolate.

Así  como la palabra mate designa al recipiente y a la infusión, existe otra expresión que utiliza la misma palabra:  se trata de tomá mate que significa mirá vos, una expresión de sopresa positiva frente a un suceso o una noticia  sobre otra persona y que no esperábamos. Por  ejemplo: creer que alguien no puede realizar determinada tarea y resulta que no sólo la lleva a cabo sino que además se destaca. En ese caso decimos sorprendidos y con beneplácito: tomá mate.

En lunfardo mate significa cabeza y es muy popular decir que alguien no muy cuerdo está mal del mate o sobre quien se golpeó la cabeza decir  se partió el mate.
Son numerosos los tangos que incluyen este término lunfardo mate como sinónimo de cabeza.
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Incurable es un tango de 1930 y la letra es de Roberto Barboza. Se refiere a lo que dice una mujer de su marido chorro, es decír ladrón.

No tenés luz en el mate, ya no perderás tus mañas,
sólo cuenta tus hazañas, la crónica policial.

En Mano a mano, Celedonio Flores escribe:

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,
te engrupieron los otarios, las amigas y el gavión;
la milonga, entre magnates, con sus locas tentaciones,
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones,
se te ha entrado muy adentro en tu pobre corazón.


 

Volviendo al mate como bebida, Jorge Luis Borges se ha referido a lo que significaba para él tomar mate:

He tomado mucho mate cuando era joven. Tomar mate, para mi, era la forma de sentirme criollo viejo. Me lo cebaba yo mismo y creo que lo hacía muy mal porque siempre había flotando unos palitos sospechosos. Tenía dos mates, uno común, y otro de los que se llaman galleta. Y ahora, caramba, he perdido el hábito.

También señaló lo siguiente:

En el Cairo uno entra en una tienda y le ofrecen, inmediatamente, café, vino, frutas… Luego le dicen: ‘Bienvenido a Egipto’. Después cuando uno pregunta el precio de algo, con toda cortesia le advierten. ‘¡No, señor! ¡Es un regalo!’ Pero se sobreentiende que esto es una convención y que no es un regalo que se deba aceptar. En seguida viene el regateo, que puede durar media hora o tres cuartos de hora. Uno ofrece cinco y ellos piden veinticinco y todo eso para que, finalmente, el precio quede en diez. Y es una maravilla porque si uno no compra nada, igual son muy corteses. “
Ellos no han descubierto el mate, pero igual han encontrado una manera, casi más simpática, de perder el tiempo.

(Fuente: Literatura.org)

Mario Benedetti también hace referencia al mate en el poema Elegía extra, de Poemas de la Oficina.

Hoy
un domingo
como cualquier otro
uno de esos
que Dios ha reservado
para el mate
la radio despacito
para el amor
repetido en los parques
para el descanso
el vino
y el Estadio
para la dulce farra
de la siesta
precisamente hoy
un domingo cualquiera
debo abrir puertas
de silencio horrible
debo juntarme
con mi aburrimiento
debo enfrentar mi mesa
empecinada
asquerosa de tinta
y de papeles.
El sol allí cerquita
sucio domingo
pienso
yo a veces di consejos
claros como setiembre
yo me hice mala sangre
hasta la madrugada
¿y ahora qué?
ahora
espesos y rituales
Gardel y un alboroto
bajan del sexto piso
el sol va recorriendo
tranquilamente
el muro
y yo como un intruso
yo como una pieza
dislocada
yo frente al miedo
de la Ciudad Vieja
más allá del fervor
y el pesimismo
porque a mis dedos
ya
nadie los mueve
y quedan más planillas
más planillas
más inmundas planillas
todas
con siete copias.

Un fragmento de su novela Quién de nosotros dice:

Me he decidido a no poder más, a irme con Lucas. Once años sin pena ni gloria, esperando no sé qué. De ti no venía nada. Llegabas, llegas aún a la tarde y te sientas junto a la radio y pides el mate y hablas del empleo y preguntas por las notas de los chicos y dices que anoche le escribiste a él y me pides que agregue unas líneas y envíe, como siempre, “cariñosos recuerdos al buen amigo Lucas”. Pero la imagen de mí misma que veo en ti es de veras irreconocible, está llena de extrañeza y de una inevitable, fatigada burla.

En Sobre Héroes y Tumbas, de Ernesto Sábato también aparece nuestro infaltable mate:

(…) – Salud, viejo –dijo Tito.
Entraron, en medio de chicos, gatos, perros y gallinas. De la pieza, Tito sacó otras dos sillitas.
— Tomá –le dijo a Martín–, llevala, que en seguida voy con el mate.
El muchacho llevó las sillas, las puso al lado del viejo, se sentó con timidez y esperó. (…)

Tito llegó con el mate y la pava.
— Ya te está hablando del paese, seguro. ¡Eh, viejo, no lo canse al pibe con todo eso bolazo! –mientras le guiñaba un ojo a Martín, sonriendo con picardía.
El viejo negó, meneando la cabeza, mirando hacia aquella región remota y perdida.
Tito se sonreía con benévola ironía mientras cebaba mate. Luego, como si el padre no existiera (seguramente ni oía), le explicó a Martín:
— Sabé, él se pasa el día pensando al pueblo que nació. (…).

Y como quien ha hecho la prueba de alguna verdad, Tito miró a Martín, y le comentó:
— ¿No te decía, pibe?
Y se quedó pensando mientras le alcanzaba el mate a Martín. (…)

– Eh, pibe, siempre hay un por qué a toda la cosa, como decía el finado Zanetta. Siempre hay un misterio.
Sorbió el mate.
Durante un buen rato se mantuvo callado, casi melancólico. (…)

(De: Los rostros invisibles,  Sobre héroes y tumbas)

En otra parte del libro Sábato escribe:

(…) El tiempo había ido cambiando, había dejado de lloviznar, soplaba un viento fuerte de adentro (decía Bucich) y el frío era cortante. Pero el cielo estaba ahora límpido. A medida que avanzaba hacia el sudoeste la pampa se abría más y más, el paisaje se volvía imponente y el aire parecía más honrado para Martín. Ahora se sentía útil también: tuvieron que cambiar una cubierta, cebaba mate, preparaba el fuego. Y así llegó la primera noche. (…).Comieron en silencio, sentados en los cajoncitos. Después de comer, Bucich preparó nuevamente el mate. Y mientras lo tomaban miraba el cielo estrellado, hasta que se animó a confesar lo que hacía rato quería confesar:
— Te voy a ser sincero, pibe. Me habría gustado ser astrónomo. ¿Qué te extraña?
Pregunta que agregó de puro miedo de hacer el ridículo, porque nada en la cara de Martín podía inducirlo a creer eso.
Martín dijo que no. ¿Por qué habría de extrañarlo?, dijo.
— Cada noche, cuando viajo, miro las estrellas y digo: ¿quién vivirá en esos mundos? El alemán Mainsa dice que viven millones de personas, que cada una es como la tierra.
Encendió el toscano, aspiró largamente el humo y se quedó meditando.
Después agregó:
— Mainsa. Me dijo también que los rusos tienen unos inventos bárbaros. De repente estamos aquí, tranquilos comiendo l’asao, mandan una especie de rayo y buenas noches. El rayo de la muerte.
Martín le alcanzó el mate y le preguntó quién era Mainsa.
— Mi cuñado. El esposo de mi hermana Violeta.
¿Y cómo sabía todas esas cosas?
Bucich chupó el mate, con calma, y luego explicó con orgullo:
— Hace quince años que es telegrafista en Bahía Blanca. Así que conoce a fondo todo esto de aparatos y rayos. Es alemán y basta.
Luego se callaron, hasta que Bucich se incorporó y dijo: “bueno, pibe, hay que dormir”, buscó el porrón de ginebra, tomó un trago, miró el cielo y agregó:
— Menos mal que por acá no ha llovido. Mañana tendremos que hacer treinta kilómetros en camino e’tierra. Bah, miento: sesenta. Treinta y treinta.(…). (De: Un Dios desconocido, Sobre héroes y tumbas)

Cortázar tampoco está excento y el ritual del mate aparece en su obra tanto en los cuentos como en Rayuela. En el capítulo 19 señala:

(…) Oliveira cebó otro mate. Había que cuidar la yerba, en París costaba quinientos francos el kilo en las farmacias y era un yerba perfectamente asquerosa que la droguería de la estación Saint-Lazare vendía con la vistosa calificación de “maté Sauvage, cueilli par les indiens”, diurética, antibiótica y emoliente. Por suerte el abogado rosarino -que de paso era su hermano- le había fletado cinco kilos de Cruz de Malta, pero ya iba quedando poca. “Mi único diálogo verdadero es con este jarrito verde.” Estudiaba el comportamiento extraordinario del mate, la respiración de la yerba fragantemente levantada por el agua y que con la succión baja hasta posarse sobre sí misma, perdido todo brillo y todo perfume a menos que un chorrito de agua la estimule de nuevo, pulmón argentino de repuesto para solitarios y tristes. Hacía rato que a Oliveira le importaban las cosas in importancia, y la ventaja de meditar con la atención fija en el jarrito verde estaba en que a su pérfida inteligencia no se le ocurriría nunca adosarle al jarrito verde nociones tales como las que nefariamente provocan las montañas, la luna, el horizonte, una chica púber, un pájaro o un caballo. “También este matecito podría indicarme un centro”, pensaba Oliveira (y la idea de que la Maga y Ossip andaban juntos se adelgazaba y perdía consistencia, por un momento el jarrito verde era más fuerte proponía un pequeño volcán petulante, su cráter espumoso y un humito copetón en el aire bastante frío de la pieza a pesar de la estufa que habría que cargar a eso de las nueve). “Y ese centro que no sé lo que es, ¿no vale como expresión topográfica de una unidad? Ando por una enorme pieza con piso de baldosas y una de esas baldosas es el punto exacto en que debería pararme para que todo se ordenara en su justa perspectiva.” “El punto exacto”, enfatizó Oliveira, ya medio tomándose el pelo para estar más seguro de que no se iba en puras palabras. “Un cuadro anamórfico en el que hay que buscar el ángulo justo (y lo importante de este ejemplo es que el hángulo es terriblemente hagudo, hay que tener la nariz casi hadosada a la tela para que de golpe el montón de rayas sin sentido se convierta en el retrato de Francisco I o en la batalla de Sinigaglia, algo hincalificablemente hasombroso).” Pero esa unidad, la suma de los actos que define una vida, parecía negarse a toda manifestación antes de que la vida misma se acabar como un mate lavado, es decir que sólo los demás, los biógrafos, verían la unidad, y eso realmente no tenía la menor importancia para Oliveira. El problema estaba en aprehender su unidad sin ser un héroe, sin ser un santo, sin ser un criminal, sin ser un campeón de box, sin ser un prohombre, sin ser un pastor. Aprehender la unidad en plena pluralidad, que la unidad fuera como el vórtice de un torbellino y no la sedimentación del matecito lavado y frío.
-Le voy a dar un cuarto de aspirina -dijo la Maga.

-Si conseguís que la trague sos más grande que Ambrosio Paré -dijo Oliveira-. Vení a tomar un mate, está recién cebado.  (…).

Y en el capítulo 28  dice:

-Demasiado cine -dijo Oliveira-. Pero este mate es como un indulto, che, algo increíblemente conciliatorio. Madre mía, cuánta agua en los zapatos. Mirá, un mate es como un punto y aparte. Uno lo toma y después se puede empezar un nuevo párrafo.

 

El Che Guevara tomando mate

 

Fuentes de la información

Benedetti, Mario. Quién de nosotros. Buenos Aires : Sudamericana.

Cortázar, Julio. Rayuela. Buenos Aires: Sudamericana, 1966

Diccionario de lunfardo. En: Todo Tango. Disponible en: http://www.elportaldeltango.com/dicciona.htm

Escritos inéditos de Enrique Santos Discépolo. Buenos Aires : Colihue.
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El mate. En: Chocolate y frambuesa. Disponible en: http://chocolateyframbuesa.wordpress.com/2011/02/18/el-mate/
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El mate. En: El Club del tango. Disponible en: http://www.clubdetango.com.ar/lunfardeando/MATE.HTM
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Jorge Luis Borges. En: Literatura.org. Disponible en: http://www.literatura.org/Borges/Borges_dichos.html
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Poemas de la oficina. En: Literatura.us. Disponible en: http://www.literatura.us/benedetti/oficina.html
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Sábato, Ernesto. Sobre héroes y tumbas. Buenos Aires : Sudamericana, 1968