Ayer los argentinos no hemos elegido una marca, una campaña o un estuche publicitado y fashion con chapa de importación y bendición externa como otras veces, sino un proyecto genuino de país cada vez más justo y soberano, un modelo saludable e inclusivo en construcción, sustentado por lo ya hecho y con la garantía a futuro inmediato de una conducción firme, lúcida y con una envidiable claridad de medios y objetivos.
Uno siente, cree que sabe y quiere, que lo que venga no ha de ser lo que nos pase –como sugieren/desean los agoreros, los minoritarios profetas del odio– sino lo que haremos, lo que vayamos a buscar. Y cuantos más seamos, mejor.
Juan Sasturain, Página/12
Ayer, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner resultó reelecta, con el mayor porcentaje de votos desde 1983, superando a Raúl Alfonsín. Además es la primera mujer presidente reelecta de nuestra historia.
Las sombras que -segundo a segundo- esparcieron los medios corporativos fueron disipadas ayer en una jornada histórica cuando más del 53% de los argentinos reafirmamos que Cristina Fernández de Kirchner continúe un segundo mandato presidencial y la voluntad de profundizar el modelo nacional y popular que desde su inicio a tenido por objetivos básicos la política de derechos humanos, igualdad e inclusión social.
En momentos donde se mezcla la alegría de la victoria presidencial con la tristeza por cumplirse próximamente el aniversario del fallecimiento de Néstor Kirchner, los argentinos hemos decidido continuar este camino que se fundamenta en la recuperación de la memoria y de nuestra identidad.
Es por ello que los canditatos que intentaron instalar mensajes apocalípticos y mentirosos han quedado afuera, no sólo de esta elección sino de la historia.
Conociendo la historia de esa pareja y la pasión por la política que los envolvió cuando eran muy jóvenes, la histórica victoria que ayer le dio a CFK su reelección es, por un lado, no menos de lo que esa mujer deseó lograr para tributárselo a él. Pero por el otro, esa victoria la renombra a ella sola conductora y síntesis del proyecto político que empezó en el 2003 y cuya declinación fue mil veces diagnosticada y anunciada al público por múltiples portavoces. Las características de esta escena indican, sin embargo, que CFK supo leer la realidad y actuar sobre ella de un modo que le permitió no sólo que cada vez más sectores percibieran que este proyecto es a su favor y no en su contra, sino también que este proyecto tenga un rumbo claro y destinatarios explícitos: los jóvenes. Después de las primarias, cuando los porcentajes a su favor sorprendieron hasta al oficialismo, se puso en marcha una interpretación que recogía esta semana la pregunta de un corresponsal extranjero: “¿Hasta qué punto su viudez no influyó en su imagen positiva?”. Y un poco más allá, para los más impudorosos: “¿Sobreactuó?”. No son preguntas demasiado atrevidas en un país en el que hubo dirigentes opositores que hasta declararon haberse “alegrado” por la muerte del ex presidente, que dicho sea de paso dejó el gobierno con la mejor imagen de un presidente al término de mandato desde el regreso de la democracia, y con su esposa como sucesora democráticamente electa. Es decir: hay datos duros de esta historia que son sistemáticamente escamoteados por uno de los relatos que existen sobre el presente. Pero hay demasiada gente que apoya el modelo gobernante como para que todos ellos sean pagos, extras o corruptos.
Con la muerte de su marido, Cristina no tenía alternativas, porque nadie más que ella sintetizaba su proyecto para todos los sectores que lo integran. Pero no porque haya sido la mujer de Kirchner, como también pretendieron simplificar. Haber visto cómo manejó las listas para perfilar su gobierno, cómo mantuvo su eje hacia fuera y hacia adentro de su fuerza, cómo decidió comunicarse con los ciudadanos y cómo aprovechó cada minuto de este año para repartirse en los múltiples e intensos ejes de la gestión, la dispensan de tener que seguir dando exámenes de capacidad y cintura política.
Sandra Ruso, en Página/12

Fragmentos del programa 678, emitido ayer, en el que participaron, Federico Luppi, Susana Rinaldi, Osvaldo Santoro, Raúl Risso, Susana Cart, Arturo Bonín, Horacio González, Héctor Larrea, Estela de Carlotto, Tati Almeida, Gerardo Fernández, Jorge Dorio, Carlos Polimeni, Rudy, Peteco Carabajal, Leonardo Sbaraglia y Patricio Contreras, entre tantos otros.
Se podrán decir muchas cosas. Pero la heroína de este triunfo electoral contundente es –ante todo– Cristina Fernández. A partir de la muerte de Néstor hizo una nueva y espectacular re-creación de sí misma. No le faltó fuerza para frenar a la CGT, fue una estadista brillante en el campo internacional, siguió su enfrentamiento con los medios que la agreden, que la insultan, condujo internamente todas sus fuerzas partidarias, le habló claramente a todo el país siempre que hizo falta, promulgó medidas sociales importantísimas, pronunció discursos impecables: con perfecta dicción, con voz clara, sin leer ni siquiera un miserable machete, demostró una inteligencia infinitamente superior a sus tristes rivales, y, para colmo, cada día se la vio más linda. (Créame, Presidenta: el país, a usted, la ama.) Un fenómeno que se refleja ahora –coherentemente– en las cifras electorales.
José Pablo Feinmann, en: Página/12
Fuentes
Feinmann, José Pablo. La Selección Nacional le dice Presidenta.En: Página/12, 24 de octubre de 2011
Russo, Sandra. La fuerza de ella. En: Página/12, 24 de octubre de 2011
Sasturain, Juan. Las empanadas de ayer. En: Página/12, 24 de octubre de 2011